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Las fincas productras están en las localidades del Baix Maestrat de Benicarló, Vinaròs, Càlig y Peñíscola

Fotos: Benihort y Celler del vino Carlón

Con la voluntad de que los productos de proximidad tengan un espacio destacado en su supermercado, Benihort regala al Vino Carlón un lugar privilegiado en su bodega y en su tienda online www.benihort.com. Se trata del caldo milenario, que tanto significó para la tierra y gentes del Maestrat a lo largo de los siglos, por ser el rey de muchas mesas alrededor del mundo. El mismo vino que está recuperando desde 2012 el Celler del Vino Carlón, a través de un interesante proyecto que pone en valor el territorio y la historia de esta zona del norte de Castellón, y del que ya han visto la luz sus primeras 11.000 botellas.

Los 7 emprendedores del Celler del Vino Carlón se encuentran en plena vendimia 2019. Ellos son: Eduardo Arín, Josep Manuel Galán, Sergio Galán, Alberto Grau, Domingo Roca, José Antonio Simó y Juanma Urquizu, a los que también se suman al proyecto de recuperación Víctor Foix y Alfonso Duch. Asesora esta aventura el enólogo del Priorat, Rafael Bordalás, quien lleva casi 30 años haciendo vino.

Los productores, que proceden de diferentes áreas profesionales aseguran estar abiertos a que más personas puedan sumarse a la iniciativa. Eduardo Arín explica entre sus viñedos de la Partida del Puig de Benicarló: “Como labrador ha sido una experiencia que ha valido muchísimo la pena. Cada viticultor pone su alma y su personalidad en cada vino y nuestro objetivo es hacer un producto de máxima calidad. Se trata de un proyecto ilusionante para Benicarló, puesto que significa la recuperación de un patrimonio esencial de nuestra historia”.

Mirando atrás

Y es que historia tiene mucha el Carlón. De la mano del enólogo Rafael Bordalás, descubrimos que autores de la época clásica arrojan luz sobre el papel del vino y de las costumbres vitivinícolas de la época y que los romanos ya apreciaban el caldo que se hacía en las tierras del Maestrat: “Plinio el Viejo (siglo I a.c.) en su obra Historia Natural describía cómo eran los territorios ocupados por los romanos, su cultura, sus gentes, qué comían, cómo eran sus casas… Y ésta es la primera nota que he encontrado sobre el Carlón. Relata que aquí había vino con mucha estructura, color y alta graduación”.

El enólogo del Priorat sigue apuntando que “los templarios, desde el castillo de Cervera y Sant Mateu también movían mucho Carlón, e incluso los historiadores aseguran que Cristóbal Colón lo llevó en sus carabelas. De hecho, hay una coplilla que dice: Zarpamos del puerto de Palos, gente al agua, Pinzón acábate esa jarra de vino Carlón. Además, durante el reinado de Carlos V, cada semana salía una galera llena desde el puerto de Benicarló hacia Valencia para poder enviarla a toda la península. También está documentado que a principios del siglo XVII se llevaban 20.000 ánforas de vino para los Tercios Españoles y todo el ejército imperial español bebía vino Carlón…”.

Y es que el vino Carlón es una antigua Denominación de Origen para unos caldos que, procedentes en un principio del agro benicarlando, eran ya conocidos a partir del siglo XV por todos los países del ámbito mediterráneo y del norte de Europa.

En la página web del consistorio benicarlando también se hace referencia a la época dorada del Carlón: El vino marcó la pauta del desarrollo económico y social de Benicarló a lo largo de los siglos XVIII y XIX, crecimiento que alcanzó su máximo esplendor de 1875 a 1910.”

La creciente demanda del Carlón superó los límites del excedente local, los comerciantes de la zona ampliaron sus bodegas y las acabaron de llenar con los vinos que adquirían en poblaciones vecinas. Por este motivo, la Denominación de Origen del Vino Carlón abarcó a todos los vinos de la comarca que eran elaborados y comercializados por los mercaderes instalados en Benicarló.

La fama adquirida por el vino Carlón traspasó fronteras y viajó también a Hispanoamérica, y en concreto, a países como Argentina, Uruguay y Chile, tal y como describe Bordalás. Las características de este vino, según manifiestan algunos autores modernos y contemporáneos, eran: “muy bueno, rojo, de mucho color, seco, fuerte, espeso, negro, dulce, de mucho cuerpo y de una fuerza capaz de poder soportar largos viajes sin estropearse”.

En cuanto a las exportaciones del Carlón suponían un promedio de 30.000 Hl al año durante la etapa final del siglo XVIII y principios del XIX.

En 1834, sin evaluar los envíos a hispanoámerica, fueron embarcados más de 40.000 Hl (Reino Unido (40%), Amsterdam, Hamburgo y San Petersburgo (20%), Livorno y otros puertos de Italia (17%), Brasil y Estados Unidos (13%) y Francia (9%)).

El declive del vino Carlón comenzó en el último tercio del siglo XIX, cuando, paradójicamente, su demanda aumentó extraordinariamente. Los vinateros de Benicarló aprovecharon la oportunidad de negocio para exportar a Francia, ya que el país vecino debía subsanar la carencia de caldos autóctonos a causa de que la filoxera había arrasado sus viñedos a partir de 1868. En ese momento, los comerciantes benicarlandos prefirieron la cantidad a la calidad y renunciaron a la tradicional elaboración y envejecimiento de sus afamados caldos.

Posteriormente, la llegada de la filoxera a España agravó esta situación. Desaparecieron muchas zonas vitivinícolas del Maestrat y también la economía alrededor del vino, y en pocos años, el Vino Carlón, que había pregonado por todo el mundo el nombre y la fama de Benicarló, pasó a la memoria colectiva del pueblo como un fugaz recuerdo.

El presente

Un siglo después de su desaparición el Carlón renace ahora con el proyecto de estos 7 emprendedores enamorados del vino y de la historia, y lo hace con la misma fuerza e intensidad que tenía el afamado caldo. “En total, contamos con 14 hectáreas. La mayoría de las parcelas están en Benicarló, pero también tenemos una en Càlig, una parcela muy pequeña en Peñíscola, de garnacha blanca en la montaña, que cuando arranque hará unos vinos fantásticos, y también contamos con alguna parcela en Vinaròs”, describe Juanma Urquizu.

El Celler del Vino Carlón cuenta con una bodega en el Polígono Industrial “El Collet” de Benicarló. Tal y como explica Urquizu se realiza la vinificación individualizando cada parcela y variedad: “Tenemos 21 depósitos de diferentes tamaños, uno por cada parcela. Como partíamos de cero y no sabíamos qué variedades, históricamente, funcionaban mejor en nuestra zona, estamos comprobando parcela por parcela y por variedad. Es decir, si uno de nuestros socios tiene una parcela con 4 variedades, significa que tiene 4 depósitos en nuestra bodega. De esa manera el enólogo puede extraer el máximo de cada variedad, y lo que más le interesa de cada una de ellas, ya sea color, acidez, estructura…”

Gracias a esta selección han podido comprobar que variedades históricas como las variedades de uva Boval y Monastrell, no se adaptan bien a la zona, sin embargo, sí que tienen buen rendimiento en el viñedo la Cariñena, la Garnacha negra o la Syrah, entre otras.

Esta división de variedades les permite también poder decidir cuál se encuentra mejor en cada momento para recolectar. “Separamos para que la piel esté completamente madura. Por ejemplo, esta semana está bien la Cariñena, y la Garnacha Tintorera la dejamos para la otra semana que tendrá la piel más madura”, detalla el enólogo.

Bordalás continúa explicando cómo se elabora el vino: “Dependiendo del vino que quieras hacer, le das más tiempo de contacto con la piel o menos. Y es que todo lo bueno para hacer vino está en el pellejo de la uva: allí están los aromas, color, taninos, polifenoles, olor, ya que el interior de un grano de uva es agua y azúcar. También es muy importante que la piel esté madura, que es el problema, de hoy en día, con el cambio climático, que cuesta mucho encontrar la madurez fisiológica de la piel”.

Para hacer un buen vino hay que trabajar mucho la viña, y de esfuerzo y dedicación saben mucho en el Celler del Vi Carlón. Sus 7 productores se encargan de defoliar y van sacando racimos para maximizar la calidad y airear la uva. Lo que consiguen con esto es un grano más pequeño, con una proporción de piel-pulpa adecuada para extraer más sustancias químicas naturales como los polifenoles, taninos y flavonoles.

El enólogo recuerda, además, que en el Celler del Vi Carlón llevan a cabo una fermentación completamente natural: “Mediante la fermentación se transforma el azúcar de la uva en alcohol. En este proceso no utilizamos nada químico, sino las levaduras naturales de la zona”. Se trata de unos hongos microscópicos que se encuentran en la capa superficial del suelo de los viñedos, que se comen los azúcares que contiene el mosto, liberando alcohol y gas y actúan como verdaderos agentes de la fermentación.

Perspectivas y promoción

El Celler del Vi Carlón ha embotellado en la campaña 2018 un total de 11.000 botellas: unas 10.000 del Renaixença-Petit Carlón, unas 500 de un Carlón selección (un caldo con más color y cuerpo) y otras 500 más de Carlón rosado. Si la climatología está de su lado y siguen contando con la calidad y cantidad de las cepas de sus jóvenes viñas, la previsión para el 2019 es casi doblar la producción y llegar a unas 18.000 botellas, ya que han adquirido otro depósito de 5.000 litros y otro de 3.000.

Este joven vino se presentó en sociedad en la pasada Fiesta de la Alcachofa 2019, se han estrenado en ferias y el próximo año también aumentarán su presencia en eventos promocionales. Además, “numerosos restaurantes de nivel de la zona también cuentan con el vino Renaixença en su carta y hay establecimientos que hacen maridajes con nuestro vino. No solo son restaurantes de Benicarló, Vinaròs y Peñíscola, sino también de Alcalá de Xivert, Torreblanca u Oropesa”, explica Juanma Urquizu.

El vino también se vende en algunos establecimientos de Benicarló como el supermercado de la Cooperativa Benihort y en su tienda online www.benihort.com. Según detalla la directora de Comunicación de la cooperativa benicarlanda, Sunny López Fibla.Nuestra apuesta por los productos de proximidad nos ha llevado, desde principios de año, a incorporarlo a nuestro lineal de bodega y se ha convertido en uno de los vinos más demandados. Además, a través de nuestra tienda online acercamos el Carlón a cualquier punto de la península”.

Pero además de la promoción en establecimientos, Urquizu resalta la importancia de que el vino esté ligado a la historia del término: “Tenemos la tradición del vino Carlón y, por tanto, una historia que explicar relacionada con nuestro vino. Una historia que interesa a la gente, por lo que, poco a poco, intentaremos hacer más visitas guiadas a nuestras viñas.  Al final lo que nos interesa es promocionar la agricultura, nuestro pueblo, y para ello necesitamos que la gente nos conozca. Así que, si alguien más quiere plantar, que lo haga. Con las visitamos también logramos que los hoteles y restaurantes tengan un atractivo más, y con todo ello, conseguimos la idea inicial del proyecto: encontrar otro cultivo que ayudara a revitalizar la economía de Benicarló”. La propia oferta turística del consistorio benicarlando ha apostado ya por visitas teatralizadas que tienen al Carlón y al pasado vitivinícola de Benicarló como protagonista.


En definitiva, el vino es cultura y Benicarló se ha propuesto recuperar la relacionada con el Carlón, uno de los principales referentes de su patrimonio histórico y cultural. La aventura en la que hace casi 10 años se embarcaron esto 7 emprendedores ha hecho renacer el caldo por excelencia de las tierras del Maestrat. Vuelve la historia de un territorio vitivinícola y a nuestras mesas un vino de calidad que bebe de la personalidad de estas tierras del norte castellonense y del alma de cada uno de sus aventureros productores.

“Todos los grandes vinos tienen detrás una historia que contar. Aquí en Benicarló teníamos un gran vino, tenemos la historia, pero no tenemos ese vino.  De momento, estamos trabajando y mejorando cada año con mucha ilusión para volver a tenerlo. Pero nuestra gran satisfacción será cuando consigamos poner en la etiqueta el nombre de Carlón. Y lo haremos cuando logremos hacer un vino excepcional, de gran calidad, y que vuelva a ser el rey de todas las mesas”, detalla otro de los productores, José Antonio Simó.

Por su parte, Juanma Urquizu concluye: “Queremos hacer un vino que recupere ese espíritu, esa esencia y que esté muy vinculado con el territorio y con la finca. Nosotros entendemos que el buen vino empieza con el trabajo que se hace en la finca. Queremos abrir nuestras viñas, que se vea cómo trabajamos y que, tal y como nos ha ocurrido a nosotros, os enamoréis del vino y de la manera de hacerlo”.

Después de este paseo por el ayer y el hoy del Carlón, ya han conseguido que nos enamoremos.  Solo queda ahora brindar con el recuperado vino Renaixença, por la tierra, la amistad y el futuro.

 


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