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El Baix Maestrat vuelve la mirada a su pasado vitivinícola de la mano de emprendedores que encabezan iniciativas ligadas al patrimonio rural.  Recuperan viñas, historias y sabores centenarios, como es el caso del proyecto del socio de Benihort, y vecino de Sant Jordi, Adolfo Duch Arín, quien nos ha presentado su caldo “Lo Vinyet”. Fruto de su amor por la tierra nace un semicrianza intenso, natural y de km0, que el supermercado Benihort despacha ya en la zona de su bodega, dedicada a los productos gourmet de esta comarca del norte de Castellón.

Adolfo es técnico especialista en Conservería Vegetal y ha desarrollado su carrera profesional vinculado al mundo de la citricultura. De hecho, lleva más de 20 años trabajando en el área de Cítricos de Benihort como técnico. Y al campo regresa como refugio, ahora para cultivar vid y elaborar vino, porque la viña conecta su pasado con su futuro. Y es que su iniciativa vitivinícola le viene de herencia familiar, ya que de su padre aprendió, con tan solo 9 años, los secretos de cómo cuidar la viña.

Duch nos cuenta que, como complemento a la economía familiar, en su casa se trabajaban viñedos y se produjo vino hasta los años 60 del siglo XX. Su padre tenía como clientes algunas tabernas de Vinaròs. “Lo que de niño era para mí un trabajo, se ha convertido hoy en día en un hobby. Recuerdo pisar la uva con mi padre, también me enseñaba a podar, o mi madre a deshijar la viña.  Pero la faena que más rabia me daba era recoger los sarmientos”. Su progenitor, que falleció hace 3 años, “tenía incluso más ilusión en este proyecto que yo. Siempre quería ir a la viña y a la bodega y ver los avances, y allí hicimos juntos las primeras catas de nuestro vino”. Adolfo ha montado su cuartel general en la pequeña bodega de herencia familiar que tiene en la calle Sant Josep de Sant Jordi, el “Celler dels Duch”, y que, tiempos atrás, ya le había servido a su padre para conservar las botas, toneles de entre 700 y 1.000 litros de capacidad.

Aunque en sus inicios, hace alrededor de 10 años, bebió del proyecto del Vino Carlón, más tarde decidió caminar solo. Estos días de septiembre afronta ya su segunda vendimia, tras haber conseguido en 2019 la primera producción y comercialización de su vino Lo Vinyet. Las botellas elaboradas encierran un caldo de elaboración natural, de cultivo biológico, sin sulfitos añadidos y sin ningún tipo de aditivo. “Un producto de km 0, elaborado desde la experiencia de mi padre y cuidando la viña a partir de los conocimientos que se han transmitido, generación tras generación, dentro de mi familia, y en el que se tiene en cuenta, simplemente, el cuidado de la viña, la época de recolección y en la bodega, el control de temperatura en la fermentación y llevar a cabo los trasiegos en los momentos adecuados”, detalla Duch.

Su meta es hacer un cultivo exclusivamente biodinámico, o lo que es lo mismo, “potenciar por medios completamente puros, la naturaleza y su fertilidad, y, en definitiva, tratar a la tierra como un ser vivo,”. Se trata de un método de agricultura ecológica, basado en las teorías del austríaco Rudolf Steiner, que tiene en cuenta las influencias de los astros para llevar a cabo las labores agrícolas. “Por ejemplo, la poda y los trasiegos se han de lleva a cabo en unas determinadas lunas. Ya me lo decía mi padre: los trasiegos se han de hacer en Luna Vieja y con viento del norte, lo que vendría a ser en momento de alta presión atmosférica”.

Lo Vinyet

El nombre que ha escogido para su producto, Lo Vinyet, está intrínsecamente relacionado con el pasado vitivinícola de Sant Jordi. Como paisaje de secano, en esta localidad del Baix Maestrat siempre se ha cultivado vino. De hecho, Sant Jordi se incluía en los siglos XVIII y XIX dentro de la demarcación de las zonas donde se producía el afamado Vino Carlón. Duch apunta que “todavía hay tres o cuatro casas antiguas, como Cal Racó, donde se conservan vestigios de las antiguas bodegas, que fueron muy importantes en la época de esplendor del Carlón”.

Precisamente, en la partida “Vinyet” es donde Adolfo tiene su viñedo. Nos explica que “a la partida se le llama así porque era el emplazamiento en el que, por antonomasia, había viñas en Sant Jordi. Mi padre me comentaba que su abuelo ya le contaba que los carros de vendimiar salían de allí, uno detrás del otro, a principios de 1900.  Y se ubicaban en estos terrenos del municipio porque es la zona donde el suelo resultaba más adecuado para el cultivo de viña”.

Según Duch ese perfil de suelo es el ideal para la vid. “Se trata de roca disgregada del cuaternario, al que en la zona llamamos “cerebro de gato”. Es una masa de tierra heterogénea blanda. Esta capa de terreno, que emerge a la superficie, suele tener tonalidades rojizas. Es un suelo profundo, aunque pobre en fertilidad, e ideal para el sistema de raíces de las vides, ya que las ayuda a conseguir agua en épocas de sequía, puesto que estas raíces son capaces de profundizar en este tipo de tierras”.

Y, precisamente, es este tipo de tierra la que da la característica fundamental al vino de la zona, es decir, una muy buena acidez que disfraza la sensación de alcohol. “El secreto del Carlón es que son vinos fuertes, lo que les confiere conservación, pero no nos molesta el nivel de alcohol en nariz ni en paladar. Y es debido a nuestras tierras, esa es la virtud del Carlón”. Para Duch “un vino que no tienen acidez es un vino que no tiene vida”.

Cada variedad de uva requiere de unas condiciones específicas y, en consecuencia, la elección del material vegetal es otro de los aspectos que se deben tener presentes a la hora de empezar a cultivar una viña. Las variedades por las que se ha decantado para elaborar su vino son Garnacha, Syrah y Cariñena o Samsó, que dan como resultado, tal y como describe el enólogo Rafael Bordalás que asesora el proyecto del “Celler dels Duch”, “un semicrianza limpio, brillante, color cereza-picota con tonalidades lilosas. En boca es muy goloso con agradable sensación a ciruelas maduras, y con una acidez presente que hace que el vino sea muy fresco y que evoca a volver a repetir”. En definitiva, un vino natural, con mucho cuerpo y estructura, que se puede adquirir en el supermercado de Benihort y que resulta perfecto para maridar con platos contundentes de puchero, piezas de caza, u otras carnes y vegetales a la brasa.

Mientras saboreamos la producción de Lo Vinyet 2019, Adolfo Duch sigue buscando el vino perfecto. Equilibrio en estructura, volumen, aroma y acidez, elaborado de forma respetuosa con el medio y de manera, totalmente, artesanal, con la mirada puesta en los métodos biodinámicos. Nos quedamos con su nombre: Lo Vinyet, el vino artesano con espíritu, “made in” el Baix Maestrat.


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